De madre, cuando llegue la hora

mi hijo y yo

mi hijo y yo

Tener un hijo es algo bien complicado.Ellos  son ese sueño que puede ser o no ser y que cuando es superan cualquier expectativa.

Las madres creemos siempre que las sabemos todas y que los conocemos al dedillo, cosa incierta por demás porque ni una misma, como persona, sabe hasta dónde puede llegar en determinada circunstancia. A los hijos los amamos antes de nacer y nos apoderamos de ellos con la fuerza ciega de una leona que protege a sus cachorros . En ese momento pensamos que nada pasará si estamos cerca. Así los alimentamos, abrigamos, enseñamos a articular las primeras palabras y pasos, les mostramos la vida pero siempre le damos un toque de amor, para que no les resulte tan agresiva. Ellos, indefensos, recurren a nosotras para sentirse seguros y queridos.

Da un goce extraordinario escucharlos decir mamá, mami, man, mima o como quieran llamarnos. Por respuesta siempre tienen nuestra sonrisa y atención.

El tiempo pasa y llega el primer momento de enseñarlos a estar fuera de nuestro alcance, ya sea en Círculos Infantiles (como existen en Cuba) o jardines, sitios de estancias o cuidadoras responsables. Una piensa que estarán tristes, que extrañan y, para sorpresa, hasta puede que no quieran regresar algún que otro día porque prefieren jugar con sus amiguitos, que en esa etapa son muy importantes.

La escuela, las becas… las fiestas, las excursiones, las idas y venidas y mamá ocupada y preocupada por un retoño del que no quiere desprenderse por más que comprenda que llegó la hora de dejarlos “volar” en la vida.

Llegado a esta línea, ustedes que me leen dirán: “bueno, sí, es cierto pero, qué, esa es la vida, a todos nos pasa igual, a madres y padres, una y otra vez.” Resulta que es verdad.

Hoy me ha dado por pensar en ello porque, aunque intento prepararme para el gran despegue de mi hijo, no concibo cuando llegue el momento, no muy lejano, en que me diga: “mamá, no te preocupes, no me esperes, hoy no vengo a dormir o, sencillamente vieja ayúdame a empacar que me voy de campismo, excursión” o lo que sea que planifique.

Verdaderamente me siento aterrada porque sé que tengo que aceptar y lo único que me queda es seguir en la misión sacerdotal de aconsejar como sabemos hacer las madres, por razón, por convicción y por amor.

Anoche mi hijo, mi único hijo, Angel Daniel, con ¡doce años! me dijo: “mamá, vieja, yo quiero decirte algo sin que te ofendas, yo me siento muy orgulloso de ti, te quiero mucho “mi gordy” pero tienes que empezar a aceptar que yo estoy creciendo y tienes que dejarme hacer mi vida, yo estoy feliz pero (y aquí llegó el bombazo) tengo que hacer mi vida. Cuando a mí me de por salir yo no quiero que tu inventes que me vas a acompañar, ni que te vas a sentar con otra madre para vigilar” Lo interrumpí y, sin que notara mi sorpresa, le dije “y qué se supone que deba hacer, según tú como debo actuar? Porque yo creo que sí puedo esperar, al menos las primeras veces, por un lugar cerca y ver cómo va la cosa”.

¿Tú estás loca mamá? ni se te ocurra, porque delante de ti no van a decir nada, pero por detrás mis amiguitos me cogerán pa punto y no querrás eso para mí” Respuesta convincente, lo sé. Pero como siempre digo: “de madre”, cuando llegue ese momento.

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Acerca de regla7

Soy una cubana que ama su país y necesita estar rodeada de buenas personas.Amo la sinceridad y la lealtad
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