Burrada o no, es mi palabra

isEsta es otra de las anécdotas de Juan Francisco Pérez, el pescador de Boca de Camarioca, para quien la palabra empeñada valía más que cualquier cosa en el mundo.

Dicen sus conocidos  que siempre fue cumplidor de lo que decía, aunque lo perdiera todo. Bueno,  en realidad no se puede poner en duda porque hasta lo de su muerte lo anunció y lo cumplió, como acto de ley y moral – según sus conceptos.

En sentido general los antiguos pobladores de Boca de Camarioca, pintoresco lugar ubicado en la provincia cubana de Matanzas, se conocen de generación en generación. Están los Chávez, los García, los Peñate y, entre muchos, también los Pérez. Todos crecieron como una familia, arrancándole al mar los peces y vendiéndolos para vivir.

Hoy la realidad ha cambiado y a lo largo de su carretera principal que actúa como corredor turístico entre  La Habana y  Varadero, se levantan majestuosas viviendas con variedad de estilos arquitectónicos, a veces, sin explicación ni lógica. ¡Cosas del cubano! Sin embargo, aunque la forma de vida haya cambiado para bien, los lugareños son gente nobles pero igual testarudas, empecinadas en hacer su voluntad y  pobre  de quién les lleve la contraria. Comprenderán entonces que Juan Francisco tenía a quien salir.

Un día de esos en que más apurado estaba por llegar al trabajo su vieja  motocicleta rusa Berjovina, ganada en los años 80 por méritos laborales, no quiso arrancar. Se desmontó, revisó las bujías, miró el tanque de combustible y todo aparentemente estaba bien. Volvió a intentar pero nada. Se quitó la camisa y blasfemando al “condenao aparato”  comenzó a desarmarlo porque “de todas maneras, ya llegaría tarde”.

Una, dos y casi tres horas. Tenía al diablo en el cuerpo. Pasó su amigo José en bicicleta y en broma le grito: “Oye, Juan, te compro ese cacharro” y, sin pensarlo le respondió: “me das sesenta pesos y es tuya”.

-No jodas, chico, cómo que sesenta pesos?

-Oye, sesenta pesos y es tuya…esa no sigue conmigo –aseguró- y apúrate porque si no la coges tú se la vendo a otro.

José sabía que Juan estaba hablando en serio y se apuró en llegar a su casa, buscó en la gaveta del juego de cuarto y tenía 200 pesos, que en ese momento en Cuba era dinero. Los cogió  y sin pensarlo se los llevó a Juan y le dijo que él sabía que valía más pero era lo único hasta el dia del cobro.

Al ver la cantidad le expresó: “te dije que son sesenta pesos”

-Pero,  Juan tu y yo sabemos que la Berjovina vale más.

-Te dije que son sesenta pesos y no se hable más del asunto-sentenció.

De nada sirvieron los consejos del amigo, de la familia ni de nadie. Juan ya había dicho sesenta pesos y eso era: ¡sesenta pesos! Porque burrada o no, era su palabra y siempre la cumplía.

Anuncios

Acerca de regla7

Soy una cubana que ama su país y necesita estar rodeada de buenas personas.Amo la sinceridad y la lealtad
Esta entrada fue publicada en Cuentos y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s