Mirtha, la samaritana

Hay personas que no son familia pero uno las llega a querer como tal y más. Y es que se lo ganan, por su lealtad, apoyo en los momentos duros  y por el día a día, confiando, hablando, amando, sin decirlo, solo haciéndolo.mirtha

Así fue para mí y para muchos Mirtha Lazo, una vecina que a penas unas horas antes de morir estuvo en mi casa buscando un medicamento para alguien a quien todos admirábamos mucho también y que agonizaba en su lecho, después de un largo período de convalecencia. Recuerdo esa tarde de septiembre como si fuera ahora.

Mirtha llegó  y sentí alegría, como de costumbre, pero  se apresuró en decir que era visita de médico porque estaba  buscando Meprobamato para Magalys que, “la pobre estaba muy mal”. Yo no pude resolverle el problema porque nunca ingiero calmantes, ni relajantes. En mi casa solo existen las medicinas imprescindibles para la hipertensión o  vitaminas y suplementos dietéticos. No obstante, se sentó un ratico y conversó con mi padre y conmigo de cómo estaba “la cosa”. Después fue a casa de Zoila que igual se alegró de verla  recuperada de una operación reciente. Allí ni un poquito de café tomó porque estaba apurada para llevar la tira de Meprobamato que  la dueña de la casa y amiga se quitó para dársela.

Era muy difícil negarle algo a una persona con vocación de servir siempre a los demás. Esa era Mirtha, mi querida Mirtha.

Mi mamá  contaba que cuando la primera Campaña de Vacunación Antipolio en Cuba fue la Lazo la encargada de tocar puerta por puerta y personalmente darles las gotitas a todos los niños y niñas del barrio, sin faltar uno. Eso lo hizo hasta el año en que murió con absoluta responsabilidad y sentido del deber  pero, no fue lo único.

Cuando un vecino enfermaba se lo cogía para sí, se ofrecía y lavaba la ropa del aquejado y de los familiares que se ocupaban de él, sin obviar la visita periódica, incluso al hospital. Si una persona adquiría una ingesta ella lo curaba con un poco de aceite de comer y unos masajes en las piernas acompañados de rezos; si alguien necesitaba una ropa o calzado específico para determinada ocasión, lo buscaba,  ¡hasta eso!

Es que se sentía bien a pesar de que no todo el mundo finalmente le agradecía, aun cuando, gracias a ella,  resolvía su situación. Ella me decía: “no importa Reyla, mija, lo hago porque me nace, ¿cómo voy a tener algo y no lo voy a dar a quien lo necesite?”

Mirtha no olvidaba nada y tenía tiempo para todo, para ayudar a los niños en la Escuela Primaria Martín Klein de donde fue auxiliar pedagógica, cocinera y lo que fuera necesario. Se hizo cargo de “los mala cabeza” y los encaminó. A la vez crió a sus tres hijos y logró de ellos excelentes profesionales y mejores seres humanos. Cuidó a su esposo hasta cerrarle los ojos y a par de cuñadas nonagenarias que vivían al lado de su vivienda y se ocupó de su hermano y su cuñada aquejados ambos de cáncer.

Estos son solo algunos ejemplos de cuanto bien hizo Mirtha Lazo, sin pretender reconocimiento alguno sino porque decía que Dios le había dado más de lo que merecía y no le era nada repartir, compartir con los demás. Nunca olvidó su origen humilde, al contrario, lo levantaba como estandarte para bajar los humos de quien se pretendiera  mejor que los demás o quien a la luz de las condiciones en Cuba se permitiera ser egoísta o “creído”.

Cuando Mirtha murió sorprendió a todo el mundo, se fue sin avisar y  me dejó el sabor de la angustia por no haberle dicho más todo lo que la admiraba y respetaba, todo lo que la quería,  aunque ella lo sentía, lo sabía.

Muchas personas no se enteraron de su deceso, otras no tuvieron el valor de ir a su velorio y quienes la acompañamos hasta el cementerio nos quedamos mudos al darle el último adiós y después, imagino que como yo, se quedaron insatisfechos por el silencio colectivo para una mujer que, tal vez, hubiera merecido muchas palabras de elogio sincero, aunque  probablemente el mejor homenaje fue aquel silencio sepulcral, en señal de respeto y dolor.

Anuncios

Acerca de regla7

Soy una cubana que ama su país y necesita estar rodeada de buenas personas.Amo la sinceridad y la lealtad
Esta entrada fue publicada en Crónicas y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s