El día del registro policial al Cata

Hace algunos años vivía en mi rinconcito de Varadero el viejo Cata, una persona a quien quisimos mucho por sus ocurrencias y los disparates que solo a él le permitíamos. El Cata literalmente no creía en nada ni nadie. Lo de él era el juego, que ahora con el tiempo me doy cuenta, que apostaba  en el dominó, la  pelota y la madre de los tomates.ERT Ocurrente, divertido, dicharachero y muy buena persona. Un día tocaron a mi puerta dos hombres y se identificaron como agentes de la Policía que necesitaban de mi presencia para efectuarle un registro a la casa del  Cata. Para mí fue muy embarazosa la situación, imaginen que desde que nací lo conocía y recibía su cariño sincero. Pero el oficial me dijo que el propio Cata le había dado mi nombre. Cuando llegué  él estaba tan feliz como siempre, con el cabo de tabaco en la mano y estimulando a los policías a que no perdieran su tiempo, que “efectuaran, que con el viejo Cata no había lío”. Entre los testigos estaba Arturo, un gay muy ocurrente, peluquero de bailarines y mandadero de cualquiera que le pagara por los servicios a la bodega, la tienda u otros lugares. También estuvo Ramón, un amigo entrañable, que como yo sentía vergüenza de lo que estaba sucediendo pero el Cata estaba divino.

Ese día sacaron de algún lugar algunas revistas porno y dentro de un ejemplar la foto de una conocida del barrio con un grupo de turistas extranjero. Eran los tiempos en que Varadero estaba lleno de jineteras, y de más está decir la repercusión del encuentro pero, para sorpresa de todos cuando se lo mostraron al Cata, él las miró varias veces y con una cra de “yo no fui” le dijo al policía: “coño qué cosa más linda oficial”

No podía creer lo que escuchaba y nos miramos unos a los otros y no quedó de otra de estallar en risa ante ese viejo que, como siempre fue, no le dió valor a nada. Bueno a nada no. Cuando anduvieron en la primera gaveta de la cómoda , a la derecha, que vió al agente coger sus dos mazos de tabaco, saltó olvidando su cojera, y le dijo: “déme usted eso, que eso es del viejo Cata, cuidaito con eso, qué dice esa boca”

Fue tanta la risa que Arturo terminó en el suelo por no sé qué gesto despavorido y ahí sí nos desternillamos todos.

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Acerca de regla7

Soy una cubana que ama su país y necesita estar rodeada de buenas personas.Amo la sinceridad y la lealtad
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