Las locuras de Landy

Orlando González es un cubano, simple, como somos la mayoría. Digo simple como si dijera sencillo, bonachón, cariñoso, amable, buen amigo…Su nombre es común y como a la mayoría que lo lleva le decimos Landy.
Él es el loco de la familia, con el que se puede contar a cualquier hora para lo que sea. Por ser el más loco es el más cuerdo porque jamás traiciona, nunca se da el lujo de hablar por detrás y, si llega a incomodarse por algo, con solo mirar uno descubre su dolor inmenso y queda en deuda para siempre.
Landy es una persona muy soñadora. Para él la vida son los amigos, la familia; la familia, los amigos, sin distinguir orden porque según él son lo mismo, con la única diferencia de que la familia es la que nos toca y los amigos uno los escoge.
Hace unos cuanto años fue productivo en una escuela del Plan Citrícola de Jaguey Grande, allí se enamoró de una mulata, graduada de enseñanza artística en el Pedagógico de Matanzas y le juró amor eterno, sí porque el muy puñetero siempre jura amor eterno.
Mercedes se llama ella y pasado los años confiesa que sucumbió ante Landy por lo persistente que fue y por su bondad, sin dejar de mencionar sus palabras que la envolvieron (mujeres, mujeres..como nos dejamos llevar por las palabras bonitas!!!). Resulta que en poco tiempo decidieron casarse para disfrutar libremente del amor sentido y prometido. Ya no tenían que ocultarse de la dirección del centro, ni que escaparse para los campos de naranja, ni alquilar con mucho misterio en las cabañas de Playa Larga, donde se encontraban con parejas que igual que ellos buscaban la intimidad, lejos de todos los conocidos. !Ya eran libres y felices!
Mercedes dice que Landy era un amor de hombre, siempre estaba inventando algún juego para mantenerla activa, buscando aquí y allá para que no faltara nada en casa y sobretodo muy cariñoso hasta un día en que a ella se le ocurrió decirle que quería tener un hijo, que ya llevaban tiempo juntos y qué mejor coronación que un hijo fruto de eses amor.
Para sorpresa de lla -confiesa- la reacción de Landy fue desmesurada. Sin pensarlo dos veces dijo rotundamente que no. Ella creyó, inicialmente que era una broma pero él se apresuró en explicar que no podía ser porque no tenían condiciones para ello.
Mercedes dijo que lo más importante era que se amaban, estaban jóvenes y tenían un mundo por delante y que “como pobres no les hacía falta nada” pero… él, convencido de su gran argumento, le ripostó: ¿cómo tu crees que vamos a meternos en la aventura de tener un hijo si no tenemos batidora para el puré?
Esa –para mí- fue una excusa pero a estas alturas, más de treinta años después, Landy sigue diciendo que por nada del mundo sin batidora él hubiera tenido un hijo.
Le digo: pero Landy, únicamente a ti se te ocurre, si en Cuba por los siglos de los siglos, los muchachos siempre comieron su puré aplastados con tenedor.
-Sí, pero un hijo mío no. Un hijo mío tiene que comer su puré pasado por batidora, por eso la dejé y no me volví a casar hasta que tuve una. ¿Qué te parece?
Lo miré fijamente y sólo le dije: bueno qué se puede esperar de un loco como tu.
Y a esa hora a tratarme de convencer de que tenía razón en lo que piensa y que estuvo bien la decisión de dejar al entonces “amor de su vida”. Di tú.

 

 

 

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Acerca de regla7

Soy una cubana que ama su país y necesita estar rodeada de buenas personas.Amo la sinceridad y la lealtad
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