No lo hago porque “no me da mi gana americana”

No lo hago porque “no me da mi gana americana”2222
Esta frase la dije a un colega hoy y me miró sorprendido, pensando que le iba a hablar de cosas muy contundentes en contenido.
La gente suele usarla para afirmar que no hará determinada acción, aunque le cueste la vida. Lo mío más o menos es igual pero se refiere a cosas más sencillas, domésticas, más bien. La vida me impuso demasiado temprano asumir responsabilidades para las que no estaba preparada.
De la noche a la mañana me vi al frente de un hogar con cuatro hombres mal acostumbrados por una madre y esposa que les hacía todo. Yo, la niña de la casa, aunque cooperaba no tenía ninguna responsabilidad, sólo era la buena hija, la que ayudaba recogiendo la ropa de los cordeles, planchaba para aliviar a su madre, fregaba y limpiaba los fines de semana y, alguna que otra vez, ponía el arroz en la cazuela o hacía frijoles. Siempre como detalle. Nunca como obligación familiar u hogareña.
Pero, no me quedó remedio, lo hice. De un día para otro, comencé a cocinar, lavar, planchar, fregar, limpiar, ir a la bodega, me ocupé de las gestiones en las oficinas de teléfono, electricidad y todo lo que callera, además de trabajar a 40 kilómetros de donde vivo y tener una profesión que, en aquellos años, me obligaba a viajar mucho por toda la provincia donde vivo, Matanzas.
A la retahíla de tareas que ya no eran por sport sino obligaciones súmele que lo mismo chapeaba, que sembraba plantas ornamentales, recogía patios, pintaba la casa, al menos una vez al año y trataba de sustituir la presencia de mi madre ante un sobrino pequeño que nunca entendió su partida.
Ahora cuento esta vida y me digo: “coño Negra, de madre lo que has pasado” pero juro que no tenía conciencia de cuánto trabajo, de cuánta matazón si total, qué más da, un poquito más un poquito menos. Pero igual, siempre me he reído mucho y eso me ayuda al menos a dar alegría a mí alrededor porque, como mima, soy muy refranera y sentenciosa, me gusta bailar y a veces canto. También como frutas jajaja.
A decir verdad, no le temo al trabajo. Creo que de vieja me ayudará a estar como mi padre que, con sus 81 años, está “al quilo”, como decimos los cubanos para hacer alusión a que está bien, “entero”.
Trabajo y trabajo. No pongo reparos para hacer las cosas, aunque reclamo consideración casi todos los días. Pero…!!! Hay algo que no hago ni muerta. Hay dos cosas que, desde niña, me dije que no haría para nadie. Una es andar con herramientas. Para eso estaban los hombres. Y lo otro que no me permito hacer es limpiar zapatos, ni con betún ni lavarlos. Mire usted!
Y ahora, de repente, descubro que con lo defensora que siempre he sido de los derechos de la mujer, también soy feminista o machista, no sé. Trabajo como mula, sin necesidad y además pongo linderos en tareas que igual podemos hacer ambos sexos.
Yo, que las hago casi todas, sin prejuicios, no me atrevo, porque “no me da mi gana americana”, como dice la canción de Cola Loca, a ocuparme de piezas y herramientas ni de lavar zapatos. Ni siquiera los de mi hijo. Para eso se los compro encubridores y, cualquier cosa, que lo resuelva con su abuelo o comience a hacerlo él, que ya se me va entre las manos.

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Acerca de regla7

Soy una cubana que ama su país y necesita estar rodeada de buenas personas.Amo la sinceridad y la lealtad
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