Mandinga, el placero.

Buenos dias, el último?-pregunto al llegar al mercadito que hay en mi barrio. Trajeron piña, ajies, plátanos vianda y de fruta y otras mercancías que de no comprarlas ahí tengo que esperar a la Feria Agropecuaria del sábado en la calle 42.
-Usted que llegó ahora, me dice un hombre que conozco de vista desde hace años y no me simpatiza porque es muy evidente en sus insinuaciones.
-Gracias, muy amable, le respondo.
La gente está ansiosa y sorprendida porque desde hacía rato no veian la Placita tan surtida. A mí me pasó lo mismo pero no le dí mucha importancia porque “de Pascuas a San Juan” es que hago estos menesteres, en realidad hacía, ahora tendré que incorporarlos a mi rutina.
Hace un calor insoportable, el sudor corre por los rostros que se miran buscando el apoyo de la mirada cómplice y la solidaridad para que todo fluya con rapidez.
Siguen llegando personas: ¿qué vino?, ¿quién es el último? ¿Hasta qué hora estará abierto esto? Y todas esas interrogantes que se hace el cubano en una cola.
-¿Qué dice muchacha, cómo te va la vida? Es Luis un hombre muy educado que a tirado su persona por la borda, preso del alcohol y el cigarro
-Bien, Luis, gracias.
-Tú sabes que conmigo puedes contar para lo que sea y a la hora que sea.
Sé que es cierto lo que me dice, este es un hombre muy hacendoso, que disfruta sirviendo a los vecinos. Lástima que la bebida lo esté perdiendo.
Levanto la vista para ver si la cola avanza y, de momento, escucho una voz que dice: “ná, ná , ná, yo no lo puedo creer, qué tu haces haciendo cola?, tú estás loca, mientras yo esté aquí contigo tienen que abrir paso, que llegó la Monumental”. Me viene a la mente aquella orquesta cubana que usaba ese estribillo por los años 70 y principios de los 80. Todavía no asocio que la frase es conmigo.
-Tú no eres Reglita? No te acuerdas de mí? Coño si tú me salvaste la vida a mí, por ti es que yo tengo doce grado, mija tú no te acuerdas, yo soy Mandinga, tu amigo del pre.
Realmente sentí mucha alegría, siempre me pasa igual cuando encuentro a algunos de mis compañeros de estudio o conocido de los tantos lugares que he recorrido por razones de estudio o trabajo.
-¿Tú eres Mandinga? Y me apuro en saludarlo pero él sale y me da un abrazo sudado, lleno de tierra pero muy, muy cariñoso.
-Mírame bien sigo siendo el mismo feo de siempre pero con unos años de más, igual que tú. Caballero, quién me iba a decir que te iba a encontrar, mira que le he preguntado a la gente por ti.
-Ay, Mandinga, tu no cambias, sigues siendo el mismo jodedor cubano.
-Y, pa qué voy a cambiar, acuérdate que Mandinga nació pa gozar.
Nos reímos muchísimo hasta que Alexis y otros viejos de la cola empezaron a mirar con mala cara.
Pero como Mandinga no se parece a nadie se viró para el público y le dijo: “esta es mi amiga, mi amiga del alma y pa que ustedes sepan gracias a ella terminé yo el preuniversitario, me fije de ella como un caballo”. Me mira y me dice “tú te tienes que acordar me sentaba detrás de ti y tenía vista de águila menos el dia aquel en que te cambiaron de pupitre y pusieron a Ileida y por mucha patá por el culo que le dí la tipa ni se inmutó, la muy desgraciá. Pero mira, ahora cuando viene al Mandinga la hago pasar trabajo, tiene que hacer la cola y si alcanza bien”.
Le digo que seguimos hablando después, que atienda y me dice convencido: “ahora sí yo sé que estás loca. A ver caballero, a ver, que mi amiga Regla donde yo esté no puede hacer cola, dime qué vas a llevar”
-Mandinga, tranquilo, yo no tengo apuro, aclaro
-Y a mí qué, dale dime qué vas a llevar.
La cara se me caía de vergüenza y la gente de la cola, no sé si por terminar o porque les caía bien me dijeron dale Reglita, compra hija, de todas maneras ya tú sabes, Mandinga te debe el doce.
Y él, muy orondo, “seguro que sí, esta es mi amiga. Y ahora me toca servirle”.
Una historia sencilla, así somos los cubanos y Mandinga a pesar de los años, sigue siendo aquel loquito que en los años del bachiller bailaba casino, comía de más naranjas en el Plan Citrícola de Jagüey, se escapaba quién sabe para dónde entre semana, enamoraba a cualquier muchacha, no estudiaba y cuando llegaban las pruebas afilaba su vista de águila para “fijarse” de mis pruebas y aoribar, aunque fuera con el mínimo, “total, si yo no voy a estudiar más, yo estoy aquí por los viejos”- así decía y en verdad no estudió más, desde que terminó el preuniversitario es un “eficiente placero en donde lo necesiten”.-según sus propias palabras.

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Acerca de regla7

Soy una cubana que ama su país y necesita estar rodeada de buenas personas.Amo la sinceridad y la lealtad
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2 respuestas a Mandinga, el placero.

  1. RFB dijo:

    Un saludo, Reglita, hace un tiempo que no intercambiaba con algo de lo tuyo.
    Muy agradable tu crónica, así somos los cubanos, por eso a pesar de las dificultades seguimos siendo alegres y únicos.
    Vaya como se dice en buen cubano: Chéveres!!
    Somos genio y figura!
    Un abrazo para tí y tu adorable chama que ya ahorita de chama no tiene nada.
    Riguito

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