No se oyó pero…

man pinching his nose as something stinks

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María es una señora respetable. Sus ojos, grandes y negros como el azabache, descubren una juventud hermosa y feliz. Hoy, con más de 70 años , recuerda su infancia holgada en su natal Ciudad de Cárdenas, donde se asentaron sus padres finalmente, luego de travesías familiares desde España, la Madre Patria como suele decir.
Sus papás se conocieron en Cuba, aunque por caminos diferentes llegaron a la Isla un día. Nunca dejaron de buscar a sus paisanos y en una de las reuniones los muchachos se conocieron, casaron y se marcharon de Jovellanos (al centro de la provincia cubana de Matanzas) con rumbo norte, hacia la demarcación cardenense.
Allí, según confiesa, los viejos se adoraron y trajeron a la tierra a su hermano y a ella. Con el tiempo la Vida la premió con Mario, el Hombre más amoroso del mundo, dice con orgullo. De la unión nació su hijo que reúne en sí las mejores cualidades de sus progenitores, lo llamaron como su abuelo materno y su padre. Antonio Mario.

Cuando piensa en la felicidad no puede dejar de evocar a su único novio y esposo, su amigo de las verdes y las maduras, quien partió de forma inesperada, víctima de un repentino infarto.

María cuenta que el fallecimiento de Mario acabó con su Vida, que pasó tiempo para recuperarse en apariencias pero comprende que tiene que seguir hasta que Dios quiera.
Una tarde le dio por contarme anécdotas familiares que descubren el ambiente festivo y cómplice de un hogar de verdad, donde se dejan al lado las fachas y rectitudes extremas y se deja aflorar la sencillez, la naturalidad y la confianza que debe reinar en un nido construido con amor. Dice, sin dejar de reír que se hacían bromas de todo tipo, que se tomaban licencias entre ellos, jamás permitidas en público como eructar y pedir perdón, ladear una nalga y dejar salir un del interior de las entrañas y muchas cosas más pero todo quedaba siempre en familia. Todo eso acabó, dice con pesar, cuando Mario se fue.

Le voy a contar algo, porque la quiero como a una hija, me dice en tono cómplice. Hace unos años, me preparaba para tomar el baño y esperaba por mí el señor que siempre me ayuda, amigo de Mario EPD y no sé cómo pasó, porque créame que no lo hice adrede, se me escapó, como por arte de magia, baja el tono de la voz para decirme: se me escapó un gas.

Le pregunto porque creía no escuchar bien, ¿un qué? Y me dice: un pedo. Cuando eso pasó, se apura en contar, yo me quise morir de la vergüenza pero, me dije por suerte no se escuchó. Me quede tranquilita y de momento Luis, que es como se llama el señor, se levanta abruptamente de la silla donde estaba y exclama desde lo más profundo: déjeme levantarme, que hace un calor insoportable y cuando estaba a menos de dos metros lo escuché decir: un ¡cojones! que todavía hoy retumba en mis oídos. ¡Qué clase vergüenza mi hija, y eso que no se escuchó! La miré y le dije: no se escuchó pero se olió.
Lo dije sin pensar pero al unísono ambas estallamos en carcajadas.

Brain fart

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Acerca de regla7

Soy una cubana que ama su país y necesita estar rodeada de buenas personas.Amo la sinceridad y la lealtad
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2 respuestas a No se oyó pero…

  1. Rigoberto Flores Bosque dijo:

    Jajajajajajajajaj. Que ocurrencia !!!!

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