Nostalgia

Se entiende la verdadera magnitud de la pérdida de un ser querido cuando sucede, ni antes ni después. Desde siempre las personas suelen decir, acompaño en tu dolor, siento tu dolor o novedad, pero no es así, sólo se siente cuando se vive, cuando de momento, se une el cielo y la tierra y el poco oxígeno que llega a los pulmones es para garantizar que no marches también.
Perder a un ser querido es la sensación más cruel que se pueda experimentar. En cuestión de segundo pierdes contacto con la realidad, la vida te pasa por delante, sin que te lo propongas y no entiendes nada de lo que creías entender. Y lo que sientes no tiene trascripción alguna.
Sé de cuando el alma abandona el cuerpo, tras la noticia inesperada, se siente, juro que se siente. Sabes que estás vivo porque miras pero no ves, escuchas pero no oyes, sólo los gritos interiores de tu cuerpo que luchan por salir de bien adentro para ayudarte a resistir.
En un instante, si se pudiera, girara 360 grados para cambiarlo todo. Para, si antes reía entonces hacerlo el doble, si daba el buenos días apurada, por las urgencias cotidianas, entonces, me sentaría sin compromiso,” que el mundo espere “y atendería hasta a lo absurdo. Si uno supiera cuándo vá a perder a un ser querido, no se diera el lujo de molestarse por las tonterías de la vida – si hay una palabra mal dicha o interpretada, si hay un reguero después de la limpieza, si no hay coincidencias en los criterios o gusta aquello o lo otro.
Sé que esta es la vida y que, como debe haber amor, tiene que haber contradicciones que generan el desarrollo y fortalecen los sentimientos y valores humanos. Sé que nadie es igual a otro, por más similitudes que tengan, que las diferencias conforman la diversidad que se traduce en pluralidad, variedad, novedad…Sé que la convivencia es fácil y difícil, según la circunstancia, pero también sé que si supiéramos, con exactitud, cuando ese ser querido va a partir de nuestro lado, regalaríamos más tiempo al abrazo, que deja sin aliento y al beso tierno y urgente, que sin palabra dicha, deja claro cuánto amamos.
A mi Hijo le digo, tantas veces como puedo en el día, que lo amo, aún después del regaño, lo abrazo y beso la mayoría de las veces que pasa por mi lado, aunque adolescente al fín me diga_: “Gorda, gorda, deja el pegojo”. A mi hijo le digo que no perdamos tiempo incomodándonos, que si me vé “acelerada” me deje por incorregible hasta que se me pase el enojo. Le digo que cuando sienta que quiere a alguien se lo diga, que no dé por hecho que lo sabe, le hace bien al alma escucharlo y que, no tendrá que lamentar nunca no haber dicho más a menudo que ama-

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Acerca de regla7

Soy una cubana que ama su país y necesita estar rodeada de buenas personas.Amo la sinceridad y la lealtad
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