El precio de decir, Vida!

Resulta que siempre he sido bien mala en eso de reconocer a las personas. Diera lo que no tengo por, de golpe, sin romperme mucho la cabeza, acordarme de quien me saluda.
Cuando niña me sorprendía cómo mis maestros llamaban a cada infante por su nombre y apellidos, y no sólo era a los del aula sino a todos y cada uno de la escuela, y a los hermanos de estos, a los primos y, si te descuidabas, hasta a los vecinos, Esa facilidad para mí era, es, “increíble”.

Entre todos mis sueños, que no han sido pocos, estaba adquirir esa cualidad. Me decía: “cuando sea grande seré también maestra”, sí porque también soñé ser abogada, doctora ( no sé de dónde, con el miedo que le tengo a la sangre), ingeniera o arquitecta, como si a mí me gustaran tanto los planos y cálculos que hacen y hasta farmacéutica (recuerdo cómo me gustaba ir a la Botica de la calle28, en Varadero, y conversar con Lola, a quien la vida años después me la presentó como esposa de Cantero, un colega del periódico Girón, muy querido y respetado por todos en el gremio periodístico matancero.)
Me veía al frente de un grupo de jóvenes o niños, nombrándolos, uno por uno, para pasar lista y ellos respondiendo: Presente! El asunto era, además de enseñar, poder recordarlos a todos, como lo hacían mis maestros Isabelita, Lilita, Flor María Abreu, Mercedita León, Mayda Bernal, Isora Fleitas, Juan, Rafael o el negro Antonio, de Educación Física,
Y quién me iba a decir que la vida recordó los pedidos y un buen día me llamó a ser profesora en la Universidad. Me gusta más Maestra, por aquello de lo esencial, lo de pulir asperezas y dejar huelas de conocimientos.
Al fin, en un aula, compartiendo ideas, preparándome para Liuber Sobrino, mi mejor alumno, el que me obligaba a pensarla bien, porque siempre las sacaba de debajo de la manga y embarrada toda de tiza para después dejarla a un lado e impartir las clases, a mi manera. ..
Todo perfecto, menos lo que tanto soñé: aprenderme el nombre de todos y cada uno de mis alumnos, traté, como ni yo misma calculo, llegué hasta a practicarlo mentalmente peroooo… nada Sólo algunos fueron afortunados en ese sentido, Liuber, entre los escogidos.
No tuve otra opción, el cerebro me dijo: deja brotar el mejor de tus sentimientos, busca una palabra que resuma todo, que halague y no empalague, que endulce y no repugne y, sin más, brotó Vida. Desde hace casi 20 años, les digo a las personas Vida, lo mismo para hacer una pregunta que para responderla, para dar las gracias, para pedir permiso y para llamarlas.
No puedo evitar el placer que me causa la palabra Vida. De hecho, ahora sueño con ponerle a una nieta, algún día ese nombre.
Lo difícil es que las personas me saludan y su cara me resulta familiar pero, si antes fui mala, ahora soy peor para recordar los nombres y sólo me queda recurrir a mi salvavidas, la amada palabra Vida, aquella que un día me inventé, cuando descubrí que no podía recordar los nombres de mis alumnos en el aula y de muchos de mis colegas.

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Acerca de regla7

Soy una cubana que ama su país y necesita estar rodeada de buenas personas.Amo la sinceridad y la lealtad
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