Se ha ido Moltó

Se ha ido Moltó, quiero creer que para allanar el camino, como lo hacen los Padres. Se ha ido cuando las aves comenzaban a descolgarse y a dar de comer a sus hijos. Se ha ido cuando apenas comenzaba el día, a las cinco de la mañana, cuando la gente empezaba a moverse por La Habana , por su Santiago y por nuestra Cuba.
Se ha ido Moltó con la luz del Alba, a la primera del día, poco antes de que llegara el Sol y nos ha dejado con el sabor del dolor, por más de que supiéramos cercana su partida. Es que, en estos casos, al menos yo, prefiero creer en “algún milagro”.
No estaba en La Habana pero se me antoja su cielo triste, manchado por columnas lúgubres que dieron paso, de a poco a la luz de un día caliente y desesperante.

Ahora sólo pienso en aquella vez, en que vino desde La Habana hasta Matanzas, a conocer nuestra opinión sobre un gran compañero al que “alguien” quiso quitar de su responsabilidad al frente del gremio periodístico, aduciendo los años y que se hacía para protegerlo. Estuvo callado, mirando cada rostro, analizando cada expresión, a veces impávido, otras inquieto pero siempre atento a cada gesto, a cada palabra, para concluir que las masas decidían y que había triunfado la confianza en la honradez y la lealtad a la Revolución.
Ahora sólo pienso en ese mismo día en que no sé por qué dejé sentada las bases de que mi Padre estaba por encima de todo y que mi deber, sin discusión, era acompañarlo y cuidarlo. Cuando terminamos el encuentro, se me acercó para saber si Pipo estaba muy viejo y le dije que estaba hecho un tronco, que estaba mejor que él y que yo, pero que era obsesiva con él. Suficiente para que siempre que nos encontráramos lo primero que me dijera era: “Salúdame a tu padre, dale un abrazo de mi parte” y así nació un amistad, sin conocerse entre mi padre y él. Pipo, por su parte se reía y me decía: “Devuélvele el saludo Negra y dile, que aquí tiene su casa”.
Tiempo después cuando mi padre falleció, vino en una de sus visitas a Matanzas y se me acercó, movió su cabeza nerviosamente, de un lado a otro, y me puso un brazo por encima. No hizo falta más. Recibí su afecto, su solidaridad.
La última vez que nos saludamos, fue hace poco más de un año, teníamos nuestra cita anual y en un encuentro nada grato para mí, un funcionario se desfasó, dijo lo que no debió decir, empleando un tono ofensivo, arrogante. Moltó sólo me miraba. Estoy segura que sintió vergüenza ajena.
En la conclusión trajo al tapete el incidente y pidió, con la mayor seriedad y respeto, colaboración a las autoridades políticas y de gobierno para resolver los urgentes problemas de un medio como Radio Varadero. Le agradecí sus palabras, le agradecí su molestia por el hecho y supe siempre que se mantuvo al tanto de la solución de nuestras dificultades.
Hoy le agradezco el haberlo conocido, sus palabras cariñosas siempre, su solidaridad y respeto, su enseñanza profesional en cada cita y ese abrazo donde me entregó tanto apoyo, en un momento crucial de mi vida.
Se ha ido Antonio Moltó Martorell, mi presidente de la Unión de Periodistas de Cuba, mi colega, mi Amigo.
Se ha ido con la Luz del Alba, poco antes de que llegara el Sol y decido no llorarlo, no le gustaría eso. Le doy un “Hasta Siempre”, si al fin y al cabo sigue entre nosotros.

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Acerca de regla7

Soy una cubana que ama su país y necesita estar rodeada de buenas personas.Amo la sinceridad y la lealtad
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